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LA GUITARRA EN CORRIENTES

En Corrientes hace su aparición la guitarra, en su versión primitiva, en 1527, cuando Sebastián Caboto explora el río Paraná y en el mes de diciembre llega a las costas de la localidad de Iratí. Nos interesa mencionar la presencia entre la tripulación de un músico cuyo nombre fue Martín Miño quien conforme con los datos obtenidos era “…un hábil ejecutante del arpa y de vihuela, instrumentos que portaba desde España…”
Las referencias posteriores ya nos remontan a la época de la evangelización de padres franciscanos y jesuitas de la región guaraní, donde hallamos numerosos testimonios en las “Cartas Anuas” sobre la gran habilidad musical desarrollada por estas congregaciones religiosas que propiciaron la evolución espiritual de los aborígenes a través de la música. Ya hemos señalado suficientes datos para encauzar una verdadera historia de la aceptación y la difusión de la guitarra en el ámbito rural y urbano de los asentamientos de poblaciones desde 1700 en adelante.
Pero la historia de la guitarra dentro del ámbito chamamecero debemos buscarla en los intentos de ejecutantes no profesionales, músicos intuitivos, “ejecutantes y cantores de patios… “ como los denomina Leda Valladares a estos músicos que solamente”…hacen música por el solo goce estético y que se hereda en un proceso de transmisión generacional, promoviendo una auténtica manera de conservar el patrimonio musical del pueblo.
Aquellos antiguos “compuestos” de los años 1800 en adelante, son los antecedentes más inmediatos de los “chamameceros” que hoy, luego de casi 200 años de trajinar por el campo musical, nos devuelve una figura del cantor, fruto de un largo proceso de decantación musical que se entronca con la raíz guaraní-hispana y que tanto ha motivado a investigadores sobre música folklórica argentina.
Es necesario reseñar que la guitarra criolla aparece como un apoyo básico y fundamental en manos del “compuestero”, del hombre que será el precursor del cantor chamamecero de hoy. Este personaje que aparece como el producto del arcaico deseo del hombre de cantar, es decir, de expresar por medio de la palabra que traduzca su pensamiento y por medio de una melodía representar las vivencias y hechos del pueblo.
Además de la adopción del instrumento como apoyo percutido y rítmico del chamamé, el rasguito doble y del valseado, oportuniza la creación de temas cantados e instrumentales que forman parte del acervo tradicional de Corrientes. Aquí se puede afirmar que la imaginación creativa del músico correntino no tiene límites y fue, es y será sin duda alguna el instrumento que invariablemente esta presente en manos del músico chamamecero.

ENRIQUE ANTONIO PIÑEYRO

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